28.10.2004

Fundador y líder del grupo más importante del Aggro chileno y miembro del “Ibanez Army”, Julián Durney pasó por este mundo como un luchador incansable... Crítico, ácido, explícito y fuerte, inundó las temáticas y el sonido de su banda con esa potencia arrolladora que lo alzó como un referente del rock nacional. Autodefinido como un pésimo guitarrista, su estilo estaba ligado a crear poderosos e intensos riffs que ponía a disposición de Rekiem, su banda de siempre.

El pasado 24 de octubre, mientras muchos despertaban luego de una nueva jornada de sábado, el rock nacional se vio remecido por una estremecedora noticia. Comenzaban a surgir los rumores de que Julián Durney, guitarrista y líder de Rekiem, había fallecido; los datos que se conocían eran escasos como para corroborarlo o tal vez ya eran suficientes y sólo no queríamos aceptarlo... hasta que todo se confirmó: Julián se había lanzado desde el séptimo piso de un edificio, por lo que la música nacional se enlutaba ante la partida del máximo referente del Aggro nacional, impulsor del estilo y uno de los personajes importantes del rock chileno.

¿Qué pasó por su cabeza? ¿Qué lo llevó a cometer este acto? El presente artículo no busca descubrir las motivaciones que tuvo o dar a conocer si estaba pasando por problemas o no, respetaremos al máximo su decisión y nos remitiremos exclusivamente a lo que, desde este momento será su legado. Es que la ligazón de Julián con la música no es cosa de un par de años, pues, ya en los 80’s hacía sus primeras armas con una banda más thrashera llamada Rekiem. Por esos días, el metal hacía de las suyas y no extrañaba que surgieran agrupaciones del estilo.

Con el paso de los años, Julián y los miembros de turno, modificó su estilo en varias oportunidades, pasando por una onda más cercana a Pantera, antes de definirse por el que lo consagraría definitivamente. Si es pertinente adentrarse más en este tema, no hay que desconocer que esta circunstancia le valió numerosas críticas a Durney y su grupo, en torno a eventuales cambios de estilo ‘según lo que dictaba la moda’. Pero nada de eso importó y, finalmente, Rekiem encontró el nicho que estaba buscando sin dar cabida a las críticas:

“No quiero sonar petulante ni autoreferente –comentaba Julián tras la salida de “Apgar:0”, su segundo disco-, pero nosotros hemos formado una escena. No sé si llamarla aggro o cualquier otra cosa, pero hace dos años no había nada y las bandas tocaban por su lado. Nosotros hemos incorporado grupos y tocados con ellos sin ser en ningún momento sectarios. Por otro lado, llevamos 10 años tocando con cero promoción en las radios, cero prensa, cero medios y hemos logrado que 500 personas canten nuestras canciones en los recitales. Todo esto ha sido a pulso, entregando discos de mano en mano, entonces nadie puede decir nada y si lo hacen, filo, nosotros estamos tranquilos”.

Aunque claro, primero registró “Unlike”, su placa de 1997 y que los mostraba mucho más metaleros: “Donde más se ha notado el cambio –comentaba Durney en 2001-, es en la batería. Cuando llegó Álvaro (Vidal), dijo que no quería tocar como lo hacía Mauricio (quien grabó “Unlike”). Álvaro ha simplificado a tal punto la música, que incluso, en un principio me molestaba. Pero ahora me sale natural y si algo es muy complejo hasta me desagrada. De todos modos, creo que la formación que grabó “Unlike” en 1997 (editado por Toxic Records) ha sido una muy buena. La nueva (que en ese tiempo incluía, además, a Carlos Rojas en bajo y Gino Fuenzalida en voces) ha sido la más inteligente, de entender lo que estamos haciendo y tirar todos para el mismo lado. Con la entrada de Álvaro pasó algo que no sucedía antes, que se discuten mucho las cosas y hay un debate que ha sido bastante fructífero”.

Así se gestó el cambio en la agrupación, que derivó en el exitoso “Apgar:0”. El propio Julián hablaba del álbum en una entrevista de 2001: “La música de Rekiem, aunque es muy política y fuerte, nunca es panfletaria. Lo de nosotros es una denuncia y una descripción crudísima, con un lenguaje muy explícito y fuerte, pero en ningún momento incitador. Es como una música muy inteligente emocionalmente, porque te hace reaccionar y “pensar” y no “cometer” algún acto violento... Lo importante es que la gente haga cosas, pero nosotros no tenemos la ambición de decirles. Eso es pretencioso y también sería una forma de dictadura. La idea es que el oyente diga o piense: ‘Qué hago después de la protesta’, ahí está el sentido”.

De esta manera, la banda ganó un nombre en el circuito nacional y en sus “Aggro Fest” compartieron escenario con cuanta banda emergente surgiera en Chile... Según nos cuenta Julián en el DVD “Ibanez Army”, si hablan de nuevo rock en nuestro país, “definitivamente tienen que pasar por Rekiem”. Y fue este mismo nombre el que los llevó a presentarse con éxito en Perú y a Durney a ser considerado dentro de los guitarristas que formarían parte del Ibanez Army, un grupo de músicos ‘endorsados’ por esa marca de guitarras: “Elegí la JS1000, pero no por ser el modelo hecho para Satriani, sino porque me acomoda mucho el mástil. Además, no me gustan los guitarristas virtuosos. Es como manejar un Mercedes Benz. Es un súper instrumento, de hecho creo que es demasiado para un guitarrista tan mediocre como yo, pero obviamente mi sonido es mejor, más definido”.

No era un virtuoso de las cuerdas y él mismo lo reconocía, sin embargo, su aporte al rock nacional es innegable. Su labor iba más allá de sorprendernos con un gran despliegue técnico, pues su desempeño era suficiente y el indicado para un estilo que basa gran parte de su potencial en la creación de potentes riffs.

Tras la edición de “Apgar:0”, la banda se mantuvo en el primer plano musical gracias a cortes como ‘Traga’ o ‘Claroscuro’. Pero pasaban los años y la tercera producción aún no llegaba... Sólo a fines de 2003 tuvimos algunas luces de ese esperado trabajo, tentativamente llamado "1,618". Julián comentaba: “Nuestra idea es tratar de reflejar lo más fielmente posible nuestro sonido natural, crudo. Y musicalmente creo que el disco nuevo será más extremista. Con esto quiero decir que iremos a los límites de lo que acostumbramos hacer. Temas pesados más pesados y temas suaves aún más suaves”.

Sin embargo, a mediados de 2004 se anunciaba la disolución definitiva de Rekiem y Julián Durney formaba una nueva banda: Zero, junto a dos ex compañeros, el tecladista Daniel Pieratinni y el vocalista Francisco Silva, más el baterista Alfonos Aste y Hans Korn en el bajo. Con esta alineación, ya trabajaban en los temas que habían quedado preparados desde el fin de Rekiem y proyectaban la edición de un EP para demostrarlo.

Luego, por problemas legales, Zero debía cambiar su nombre. En un comunicado aparecido en Rekiem.cl, el grupo lo daba a conocer: “Zero no podrá utilizar dicho nombre por tratarse de una marca ya registrada... Sabemos que esto puede ser malinterpretado por algunos, pero a decir verdad nos interesa bastante poco. Siempre dijimos que Zero sería la continuación de Rekiem, así que lejos de ser una contradicción el volver a nuestro antiguo nombre, no es más que una consecuencia lógica. Quizás el maldito Karma que arrastra la banda, no deja que Rekiem se cambie. ¡Salud!”.

Con esta novedad se acababa el recorrido de Julián Durney por la escena nacional... Había vuelto a usar el nombre de su banda de siempre y se aprestaba a lanzar una nueva producción. Las cosas nunca fueron fáciles para el grupo y Julián siempre batalló por mantenerse en la música... hoy, todo eso ha quedado atrás y sólo nos queda su importante legado. No sólo dos placas de estudio, sino un ejemplo de lucha y consecuencia... Adiós Julián Durney (1972-2004).


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